• Socialistas y republicanos deben despejar pronto su futuro para afrontar las autonómicas con garantías

La inmediata convocatoria de elecciones autonómicas obliga a las maquinarias de los partidos a hacer los deberes y ponerse al día, en especial las del PSC y ERC. En ambas fuerzas políticas, la negociación y aprobación del nuevo Estatut ha tenido un coste especialmente alto. Para los socialistas ha significado abrir la incógnita de quién será su candidato a la presidencia, y para los republicanos, afrontar el fracaso de su campaña en favor del no, que ha dejado tocada a la dirección y desorientados a sus electores.
Dilatar la decisión sobre si Maragall debe optar o no a la reelección perjudica a los socialistas en la misma medida en que favorece a sus rivales nacionalistas, aplicados en difundir una imagen de unidad sin fisuras tras la figura de Mas. En igual o mayor medida sucede lo mismo en el campo republicano, donde conviven diferentes sensibilidades soberanistas y que han demostrado demasiado a menudo su apego a una concepción excesivamente naíf del compromiso político. Para pasar en otoño por las urnas sin sobresaltos y recomponer el tejido de la alianza con los otros partidos de izquierda, ERC debe aceptar que no puede seguir siendo, como hasta ahora, una formación imprevisible.